Este artículo pretende desarrollar ideas desde una perspectiva diferente a la que se inscribe la educación actual uruguaya, que nos interrogan y hacen a la exigencia de una educación diferente, popular, en un gobierno democrático, y por lo tanto se reduce a una descripción de la misma, sabiendo que se trata de un campo complejo y polémico porque admite muchas interpretaciones y posiciones. No es la idea discutir todos los problemas que someten a la educación actual, sino pensar una educación participativa, tratando de dirimir ¿qué educación debería perseguir un gobierno que se perfile por una transmisión cultural igualadora?, y ¿cuáles son sus fundamentos?
Estamos frente a una oportunidad histórica de cambiar el rumbo de la sociedad, dado que se podría consolidar una reconfiguración y resignificación de las instituciones educativas, ya que se han elaborado un nuevo currículum para la educación primaria y una nueva Ley de Educación. Pero a su vez surgen nuevas contradicciones que hacen a la emergencia de espacios de discusión y reflexión horizontales. La posibilidad que se abre no solo en Uruguay sino a nivel de América, no ofrece antecedentes, y por lo tanto habrá que pasar por experiencia inéditas, pero no se deben descuidar sus principios a la hora de ejercer el gobierno.
Para hacer viables los cambios, surge una cuestión que a nuestro entender es fundamental, y que se trata de recuperar el sentido de la institución educativa, darle nueva subjetividad, es decir, volver a tener claro el fin que persigue y no dejarla caer en el asistencialismo fácil de trabajar en contextos particulares, que hacen que aparezca desresponsabilizada de la tarea de construir una sociedad más humana.
Es indudable que en el marco de la construcción de un país con un gobierno de izquierda, la educación popular aparece o debería aparecer como una necesidad, no sólo para democratizar la cultura y el acceso a la misma, sino para formar una nueva sociedad, donde la base de su fundamento esté constituida por la condición de formar seres humanos.
Para ello es necesario plantear condiciones que lo permitan, y es un compromiso que debe abordar un gobierno popular contextualizando su propuesta a su realidad, haciéndose responsable y haciendo responsable a los educadores encargados de llevar adelante las propuestas.
Esta educación alude a la posibilidad de construir sujetos políticos, capaces de comprender y problematizar la realidad en la que viven, una educación que aborde los barrios, las vidas y relaciones planteadas allí.
Estas son condiciones para lograr ideales democráticos, como igualdad, participación y libertad en sentido extenso, en definitiva sujetos activos políticamente. Esta concepción se enmarca en utopías humanistas necesarias para creer en que hay algo mejor por alcanzar, justas, que promueven e ilusionan en un futuro que pertenezca al pueblo.
Frente a la situación de enajenación vivida desde el siglo XX, donde el hombre se siente solo, pero también ignorado, con indiferencia de la humanidad, debemos pensar estrategias donde podamos construir nuevas subjetividades colectivas.
El cambio se genera en la creación de ámbitos de discusión, donde soluciones a problemas locales y generales se promuevan. Tanto allí como en la acción de quienes estén en el gobierno, determinarán la posibilidad de la educación popular. Es imprescindible que los gobernantes escuchen y hagan de la participación un elemento real.
“No existe gobierno que permanezca verdadero, legítimo, digno de fe, si su discurso no es coronado por su práctica (…)” (FREIRE; 1993)
Una de las herramientas principales desde donde ejercer el cambio son las instituciones educativas y los medios de comunicación, más allá de alternativas para generar nuevos espacios de participación.
Existe hoy una realidad en el continente americano donde se pueden apreciar modelos de educación que llevan adelante propuestas de educación popular. Estos proyectos intentan desarrollar la personalidad del sujeto en forma integral, atendiendo a todas las facultades humanas a través de un servicio público establecido por el Estado. No hay otra manera de generar una educación popular para un gobierno de izquierda, que no sea ofreciendo la misma educación para todos sus habitantes.
Es importante pensar que desde esta perspectiva el fin de la educación debe ser, sin dudas, que todos los sujetos puedan pensar, actuar y decidir en el contexto que les toca vivir, ya sea a nivel macro o en las situaciones que se presentan día a día.
De lo anterior se desprende que esos sujetos, aptos para ejercer decisiones, deben ser atravesados por valores que permitan la convivencia, como ser la solidaridad, el respeto, la justicia, la igualdad, la democracia, la capacidad de dialogar, teniendo como objetivo hacerlos comunes. Y por una fuerte formación cultural, una transmisión consistente de saber, ya que es condición indispensable para liberarse y ser consciente de las situaciones.
Una educación, que involucre lo social con la ética, pensada para mejorar las condiciones de vida, donde se puedan atender las demandas y sea posible encaminarse a un nuevo modelo social. Desde las prácticas educativas en las aulas, a las políticas educativas, proponiendo una nueva organización horizontal en los diferentes órganos involucrados.
No se puede pretender que se participe y decida cuando se ignora. En la medida en que se haga en conjunto, con muchas personas preparadas colaborando, se transformará en algo viable y posible. Preparadas porque permite que puedan reconocer los problemas y se transforma en fundamental desde el punto de vista estratégico para actuar sobre la realidad.
Es importante plantear la escuela como institución que refleje la sociedad, los problemas que allí ocurren y genere reflexión y problematización sobre los mismos. Que los alumnos sientan nuevas necesidades invadidas por valores que permitan la auto realización ellos mismos. El compromiso es difícil e implica un desafío amplio, pero justo y necesario para quienes creemos y pensamos desde esta perspectiva, desde esta manera de ver la realidad.
Hasta ahora se ha llevado adelante una política donde “La soberanía emana del pueblo pero no reside en el pueblo, sino en los representantes. (Pero) El ciudadano es un sujeto capaz de hacerse representar”. (LEWKOWICZ, 2004). Debemos asumir la responsabilidad de generar espacios, formales o informales, atravesados por la idea de bienes comunes, generando colectivos capaces de pensar críticamente, de liberarse de la enajenación, de posibilitar cambios.
En definitiva tratar de llevar adelante aquello que Marx sostenía, de que “(…) el hombre, al hacerse plenamente humano, cumple la misión más elevada que pueda fijarse”. (FROMM, 2007)
Mtro Sebastián Valdez
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