martes, 1 de mayo de 2012

El arte de crecer en lo imposible.



“El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura,
para que se conviertan en basura (…) Mucha magia y
mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños”
(Patas arriba. La escuela del mundo al revés, Eduardo Galeano,
 Montevideo, Ediciones del Chanchito, 1999)

Lejos de intentar agotar la discusión en dilemas atemorizantes como han hecho los medios de comunicación y algunos que son votados para representarnos, en este breve artículo pretendemos realizar un aporte a la discusión que se viene gestando hace largo tiempo desde una mirada diferente. Se trata de mirar el hecho intentando no divorciarse de su génesis, para no caer en la falacia de que las cosas ocurren porque si. Esto permite en definitiva denunciar lo que ocurre, explicarlo con sus causas y generar alternativas. Nos referimos a un asunto que cobra gran vigencia actual, ya que está sobre la mesa política de muestro país, como es el intento de bajar los años de imputabilidad de los menores infractores.
Debemos considerar de antemano que se trata de un concepto vinculado directamente con lo psicológico por la culpa de quien comete o lleva adelante el acto del crimen y a lo político y social, ya que se deben analizar las causas que generan que un sujeto determinado cometa un crimen. Esta última reseña involucra a la sociedad en su conjunto, a las decisiones que se toman y las condiciones que se generan para que los menores lleguen a cometer delitos. Pero también implica ver el tema más allá del mismo acto delictivo.
Dos temas aparecen fuertemente explicitados en relación al mismo: seguridad ciudadana y educación. La seguridad ha sido la excusa perfecta para poner el tema de los menores en el orden del día. Se sataniza a los menores pobres y drogadictos, para exonerar de la responsabilidad a la sociedad y los actores que toman decisiones que condenan  a los mismos. Generar miedo es una práctica antigua que se ejerce con impunidad para sacar ventaja política recogiendo votos. La educación construye el entramado social pero sabido es que hoy en día no solo no alcanza con asistir y alimentarse, sino que ya no se puede considerar a la misma como una panacea que soluciona sola la fragmentación social. Se necesitan un conjunto de acciones que apoyen y brinden recursos suficientes para mejorar la calidad de vida de los más necesitados, los incluyan, eduquen y les permita convivir socialmente.
Muchos de nosotros hemos tenido la suerte de escuchar que crecer es una de las etapas más importantes que tiene vivir porque allí se define nuestra estructura psíquica y emocional y por un montón de razones más sin duda, pero también pudimos comprender que no todos tienen la posibilidad de crecer y disfrutar de ello desarrollando plenamente su estructura bio-psico-social.  
Partimos de la idea de que sujetos que crecen en la imposibilidad de desarrollarse plenamente, socializarse y tener conciencia,  lo hacen en medio de resentimiento social e inmersos en los deseos de dañar todo lo que encuentran, intentando desahogar su rabia por las injusticias que se cometieron y comenten contra ellos. A esto debemos sumarle, que el intento de escapar de su situación de opresión y de la misma realidad como tal, implica en muchos casos sumergirse en el mundo peligroso de las drogas. Esto genera conductas violentas tanto contra si mismo como hacía los demás, denotando un desprecio profundo de la vida misma.
Consideramos primordial en primer lugar, rechazar los análisis simplistas sin argumentos, que se detienen a responsabilizar a los menores, como si fueran una patología que corregir en la sociedad, sin que se consideren las fuerzas que se ejercen sobre los mismos y que condicionan el momento de tomar decisiones. En segundo lugar, entendemos que sujetos que crecen en la imposibilidad de desarrollarse como individuos producto de las condiciones que se imponen sobre ellos y que los someten a una vida donde intentan como cualquier ser sobrevivir, son las víctimas principales de vivir en condiciones miserables.
Es un tema que no puede analizarse sin tener en cuenta dos grandes y complejos temas: las decisiones políticas que definen en gran medida cómo viven y la suerte de los sujetos, así como la educación y los programas de prevención que se pueden aplicar para que esto no ocurra.  Estos dos conceptos generan oportunidades, tanto para subsistir en la sociedad a nivel personal y laboral como para tomar conciencia de los actos que se cometen. Dos condiciones claves a la hora de decidir el futuro que elegimos, son la responsabilidad y cordura psíquica que se desarrolla en el crecimiento de los niños y jóvenes.
Estamos frente a una disyuntiva planteada en la sociedad, sobre castigar o proteger a quienes son condenados a este tipo de vida, entre elegir actos y decisiones de prevención o de opresión, en definitiva, entre generar igualdad o aumentar la brecha de desigualdad. Se presenta sabiendo que se trata de sujetos que no han podido cumplir objetivos de socialización y de conciencia sobre sus actos. De sujetos excluidos que han sido dejados al margen de la sociedad y que por lo tanto tienen alterada su percepción de la realidad. Lo social se mete en la psiquis de cada uno y nos condiciona generando patrones de conducta que no podemos discriminar y vemos como normales. Con esto nos referimos a todos los sujetos. ¿O acaso son estos muchachos los que manejan ebrios o a grandes velocidades y cometen un crimen? ¿No ocurren en todos los estratos sociales la discriminación y las golpizas tan o más violentas que un robo?
La posibilidad de que cometan un crimen los menores de edad no los exime de la responsabilidad del acto, sino que existen controles y oportunidades para intentar lograr que no los cometan más. Quizás lo que debamos preguntarnos y apuntar a solucionar como sociedad, no sea provocar que cuanto antes se los penalice sino analizar los mecanismos de prevención, las condiciones que se les ofrece para reinsertarse y modificar sus conductas.
Un estudio de UNICEF sostiene que solo el 10% de los delitos son cometidos en Uruguay por menores de edad, lo cual manifiesta una absurda modificación del discurso llevado adelante frente a los medios de comunicación, sin tener pruebas de los que sostienen, acerca de que más del 50% de los crímenes los cometen menores. Asimismo UNICEF, se manifestó contraria a la baja de la edad de imputabilidad, aludiendo a las consideraciones internacionales y los perjuicios que ofrece la decisión. Dicho organismo indicó que "cualquier modificación a la legislación nacional que permita juzgar a adolescentes menores de 18 años como adultos se constituirá en una violación a los compromisos asumidos por el Estado uruguayo ante la comunidad internacional".
UNICEF recuerda que "el 28 de setiembre de 1990 Uruguay ratificó la Convención sobre los Derechos del Niño y, por lo tanto, el Estado se comprometió a adoptar las medidas necesarias para garantizar que las normas fijadas en la Convención se apliquen en el país". Además afirma que "en materia de responsabilidad penal de adolescentes la Convención, en sus artículos 1, 37 y 40, establece claramente que ningún menor de 18 años puede ser juzgado como un adulto", y que se decreta "una edad mínima por debajo de la cual el Estado renuncia a cualquier tipo de responsabilidad penal".
Por otro lado, dicho organismo considera fundamental que se avance en la mejora de las condiciones que sufren los menores privados de libertad, con personal adecuado para enfrentar las situaciones, controles que no permitan las permanentes fugas y programas e inversiones adecuadas a las urgencias que se presentan. Claramente se apunta a generar instituciones que funcionen correctamente, para rehabilitar a los sujetos, y no de castigos que violan las disposiciones que amparan los derechos de los menores de edad.
Para conseguir esto, ya fue acordada la creación de un instituto de rehabilitación de menores infractores al cumplir la mayoría de edad, para conseguir su adecuada reinserción social, que no depende del INAU.
Un dato más que permite quitarle rigor y vigencia a las palabras absurdas, es que la Corte de Justicia, confirmó hace poco tiempo en sus estudios, que solo el 5,9% de los delitos cometidos en Uruguay, pertenecen a las acciones de menores y tan solo el 2% se producen contra personas.
Creemos en la búsqueda de alternativas que protejan a la sociedad, pero sin olvidar que los menores de edad que han sido condenados a sufrir condiciones inhumanas de vida, son parte de la misma. La discusión se ha tornado incomprensible y fuera de lugar ya que no tiene sustento, más allá de que los discursos que se escuchan en los medios y en el ámbito político enrolados en la idea de bajar la edad de imputabilidad, provienen de la derecha. Eso es lo único que permite entender lo absurdo de las palabras.
Así entendemos, que necesitamos un conjunto de políticas sociales y económicas que definan y colaboren con un proyecto educativo, centrado fuertemente en  lo pedagógico, que pueda tejer y resignificar los vínculos y conductas que hagan de nuestro país un lugar mejor para vivir.  Por otro lado, sería interesante comenzar a pensar estrategias para que no se llegue al momento de corregir, sino que apunten a una manera justa de crecer en un plano de igualdad. Tal vez podríamos comenzar estos días por no confundirnos perdiéndonos en discursos que discriminan y naturalizan los hechos, generando aparentes soluciones que rondan en el sentido mágico provenientes de personas sentadas en lugares cómodos, y desde los cuales los ejemplos precisamente no están vinculados a la honestidad. El mayor crimen es cometido por la economía mundial organizada que tiene funcionarios también en países como el nuestro, y que somete a los más débiles a  condiciones inhumanas de existencia.
 En definitiva, no nos referimos a rescatar, sino a preguntarnos si en nuestro país se crece en libertad, si la violencia es condición de edad, situación social y económica, género, etc; si no necesitamos revisar nuestra realidad y formar y generar condiciones en las cuales todos nuestros jóvenes puedan crecer en la posibilidad.

Mtro. Sebastián Valdez.

lunes, 23 de abril de 2012

CRISIS DE LA SOCIALDEMOCRACIA

El País
13/04/2012
Opinión

El futuro de la cuestión democrática
La izquierda actual no logra vincular la lucha por la igualdad social a la defensa de la democracia
La izquierda actual no logra vincular la lucha por la igualdad social a la defensa de la democracia

Tarso Genro 13 ABR 2012 –

El debate ideológico sobre el socialismo en la época industrial constituyó un rico patrimonio de ideas para el desarrollo del sistema de derechos y sus instrumentos de protección en las sociedades democráticas contemporáneas. Este debate no solamente enriqueció el sistema de protección social de los respectivos Estados, sino que sirvió también de estímulo a un ciclo de reformas y revoluciones nacional-democráticas durante el siglo pasado.
Su contenido libertario influyó significativamente, por ejemplo, en el fin de la guerra de Vietnam, en la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos (formando allí una izquierda socialdemócrata, de la cual el presidente Obama es hijo ilustre) e influyó también en la revolución cubana y en las revueltas de Mayo del 68.
En las diversas formas de lucha que los demócratas radicales, los socialistas y los comunistas desarrollaron en América Latina en los años sesenta y setenta estuvieron siempre presentes los argumentos sobre la incompatibilidad de la democracia con el capitalismo, que hoy sigue debatiéndose. Actualmente, los derechos sociales conquistados duramente y el sistema de protección que les corresponde no están solamente amenazados sino que, incluso, pueden sucumbir a través de mecanismos internos del propio sistema democrático. Cómo conservar esos derechos sociales conquistados dentro del capitalismo es en el presente la cuestión de mayor controversia.
Desde los años ochenta hasta hoy han cambiado pocas cosas. Ha quedado claro que una nueva sociedad de clases emergió del mundo digital, “globalizado”, que redujo —si es que no aniquiló— el potencial universalista de las luchas de las clases trabajadoras. Estas empezaron a retroceder cada vez más hacia el interior de las fronteras nacionales para proteger las conquistas históricas del movimiento obrero, “nacionalizando” así las luchas por el salario y el empleo.
La reacción para internacionalizar la tutela financiera ha sido tardía: el capital ha radicalizado sus estrategias de especulación, superando las fronteras nacionales; los trabajadores, de manera reactiva, han llevado la defensa de sus conquistas al ámbito de sus respectivos territorios a través de la forma abstracta de la “defensa de unos derechos” que se han incorporado a las Constituciones nacionales.
Hacer compatibles las luchas democráticas con la globalización financiera, tal como ahora se concibe, no es algo viable mientras no se produzca una internacionalización de la lucha con el objetivo de que los Estados nacionales recuperen sus funciones públicas internas. O sea, más que “ceder soberanía”, como reza la cartilla de la Unión Europea, deberían ajustarse cooperaciones soberanas e interdependientes,Con obligaciones y responsabilidades proporcionales.
El socialismo y la socialdemocracia han sido formas del capitalismo
Resulta evidente, en ese contexto, que incluso las democracias más consolidadas han sido amenazadas por la crisis del sistema financiero global. Es cada vez más clara la incompatibilidad objetiva entre el proceso de enriquecimiento sin trabajo (propia de la actual fase del capitalismo global) con los sistemas sociales democráticos establecidos. Cabe preguntarse si no es lícito abrir un debate honesto sobre las relaciones entre la democracia y el socialismo (y lo que quedó de la socialdemocracia), considerándolos no conceptos herméticos y “cerrados” (o como modos de producción “pre-configurados”), sino más bien tomándolos como ideas reguladoras.
Las disputas ideológicas sobre el futuro de la idea socialista que surgió con las grandes revoluciones y reformas del siglo XX parecen no conmover ya a la izquierda mundial. Con excepción de algunas corrientes autorreferenciales, como los representantes del viejo proletariado del siglo XX —que radicalizan un economicismo tardío a través de viejas ideas, de un “marxismo” cada vez mas positivista-naturalista—, los socialistas actuales, diseminados alrededor de los diversos partidos comunistas, socialistas y socialdemócratas del mundo, poco han avanzado en este debate.
De ese modo, la mayoría de estas organizaciones políticas, de forma voluntaria o forzada, se plegaron al poder normativo del capital financiero.
Mi tesis es que el debate no se promueve por dos motivos fundamentales: primero, porque la dirección de los Gobiernos de estas izquierdas se enfrentan a la cuestión de la gobernabilidad democrática a partir de acuerdos bastante amplios con aliados a los que este tema les pondría los pelos de punta; y segundo, porque las tareas de gobierno tienden a sustituir la reflexión teórica por la necesidad empírica de “resolver las cosas”.
Pero resolverlas para responder a exigencias que son ajenas a la “construcción de la igualdad” o, incluso, a un sistema neosocial-demócrata. La vieja socialdemocracia está sin respiración en Europa y el socialismo no existe ya en ningún lugar de Occidente, salvo que se considere como tal el de Cuba.
Hay, sin embargo, una razón de fondo que oculta las dos citadas anteriormente y que provoca pasividad y silencio en la cultura socialista de izquierda en la actual coyuntura mundial: es el rechazo, consciente o inconsciente —por incapacidad u opción— de abordar la cuestión de la igualdad social junto a la cuestión democrática.
Con este ejercicio se manifestaría claramente la dificultad, hoy, de mantener las bases electorales mayoritarias para “soportar” un régimen económico-social que tendiese fuertemente a suprimir desigualdades a través de una distribución socialista, dentro de la democracia política y con elecciones periódicas. El casino neoliberal ha conseguido formar una sociedad que es dueña de una cultura mayoritariamente contraria a la igualdad y a la solidaridad social.
Queda claro por qué la social-democracia típicamente moderada y reformista —que asumieron los Gobiernos de izquierda en este período— retrocedió en la cuestión de la “utopía socialista” para preservarse en la cuestión de la “utopía democrática”. Abdicó, así, de la idea de la “igualdad” en el interior del proyecto democrático —siempre presente en las diversas propuestas socialistas y reformistas históricas— para asumir la idea de “fraternidad” en abstracto, presente en la idea de solidaridad genérica contenida en el Estado social de derecho.
Esta fraternidad solo funciona en el sistema global actual como exigencia de renuncia para los “de abajo”. No como sacrificio compartido con los “de arriba”. Y funciona, en momentos de bonanza, como distribución limitada de recursos “para los de abajo” (a través del salario u otras prestaciones sociales) y como acumulación ilimitada de riqueza para los “de arriba” (a través del lucro y de la especulación financiera). Esta contradicción es la que viene generando una incompatibilidad global entre capitalismo y democracia, y es la que lanza una justificada inquietud sobre el futuro de las democracias, incluso en Europa.
Las experiencias socialistas “reales” resolvieron autoritariamente este dilema (de máxima desigualdad aceptable y de máxima igualdad posible) a través de los privilegios regulados en el aparato de Estado y en el partido. Sus cuadros, de esta manera, se fueron liberando de sus compromisos originarios y simulando que la “igualdad verdadera” llegaría “enseguida allí”, en un futuro indeterminado. La socialdemocracia “de izquierda” —Suiza, Suecia, Dinamarca, Noruega— reguló la “desigualdad máxima” y organizó una economía y unos modos de vida más duraderos que supusieron para sus destinatarios menos renuncias que las experiencias soviéticas.
Puede decirse que ambas experiencias, tanto la socialdemócrata como la socialista durante el siglo XX —independientemente de su legitimidad democrática—, fueron formas específicas de capitalismo (de “Estado” o “mixto”), que promovieron parámetros importantes de igualdad social. Dejaron, sin embargo, abierta la cuestión de una verdadera democracia socialista como modelo universal, en la cual la diferencia entre “máxima desigualdad aceptable” y “mínima igualdad exigible” sea establecida como proyecto universal para un mundo fundado en la paz y en la justicia.
La democracia pierde cada vez más su prestigio frente a los pobres y empobrecidos. El socialismo deja de ser recordado como una utopía posible de igualdad. La izquierda tiene el deber ético de retomar este debate y también esta utopía.

Tarso Genro ha sido ministro de Educación, de Relaciones Institucionales y de Justicia en los Gobiernos brasileños del presidente Lula (2002-2009). Actualmente es gobernador de Rio Grande do Sul por el Partido del Trabajo.

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viernes, 3 de febrero de 2012

Se cumplen 50 años del bloqueo estadounidense a Cuba

La proclama 3447 con la que el entonces presidente de Estados Unidos, John Kennedy, formalizó el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba, cumplirá este viernes 50 años, lejos de su objetivo de frustrar la gestión de la Revolución isleña y con un unánime repudio de la comunidad internacional.

El 3 de febrero de 1962 Kennedy decretó la Proclama 3447, que de alguna manera hizo más visible una política de hostigamiento que EEUU ya venía llevando a la práctica desde el triunfo mismo de la Revolución, el 1 de enero de 1959.

La excusa inicial fue replicar las expropiaciones que las flamantes autoridades isleñas dispusieron sobre bienes y empresas estadounidenses.

Nueve administraciones, republicanas y demócratas, mantuvieron y hasta agudizaron la medida, que Washington se empeña en llamar "embargo" y limitar a una cuestión bilateral.

Desde la ruptura unilateral de las relaciones, el 3 enero de 1961, la política de enfrentamiento de las autoridades estadounidenses había tenido su punto más alto en abril de ese mismo año, con el frustrado intento de invasión con el desembarco en Playa Girón.

El bloqueo generó ya un daño económico que las autoridades de la isla estiman en 975 mil millones de dólares, si se tiene en cuenta la depreciación del dólar frente al oro.

Entre Playa Girón y la oficialización del bloqueo, Washington logró con presiones y chantajes, el 31 de enero de 1962, la exclusión de Cuba de la OEA, durante la 8va. Reunión de Consulta del organismo, realizada en la uruguaya Punta del Este.

Esa exclusión buscó ser reparada en el 2009 en San Pedro Sula, Honduras, donde se dejó sin efecto la resolución de 1962 con la idea de "reparar una injusticia histórica" y propiciar "una reivindicación al pueblo de Cuba y a los pueblos de América".

La Habana, con todo, comunicó que no volvería al organismo, a la que consideró "una organización con un papel y una trayectoria que repudia". Pero esta historia es demasiado reciente.

En 1962, apenas un día después de dispuesto el bloqueo, el 4 de febrero, más de un millón de personas -la mayor concurrencia pública efectuada en la isla hasta ese momento-, vitoreó y aplaudió el célebre documento titulado Segunda Declaración de La Habana.

La Declaración denunciaba no solo la maniobra agresiva contra Cuba y el grado de dependencia de otros países latinoamericanos, sino también "la esencia de la dominación estadounidense y la explotación y miseria de millones de hijos de Nuestra América".

La proclama 3447 formalizaba una decisión que, en los hechos, regía ya al menos desde el 4 de septiembre de 1961, cuando el Congreso autorizó el cese de todo comercio con la isla.

Varios años después de establecido el embargo y pese a las sucesivas votaciones en la ONU en contra de la medida, Estados Unidos endureció las cosas con la llamada Ley Torricelli -promulgada en 1992 por George Bush-, que cercenó el comercio de medicinas y alimentos cubanos con las subsidiarias de compañías estadounidenses con base en terceros países.

Unos años después, en 1996, la presidencia de William Clinton agudizó el embargo al poner en vigor la Ley Helms-Burton, que establecía que empresas no estadounidenses podían ser sometidas a represalias legales y sus representantes impedido de entrar a EEUU si comerciaban con Cuba.

Desde hace 20 años, la Asamblea General de la ONU vota en forma consecutiva una condena al embargo. De aquella primera votación en 1992, que terminó con 59 votos a favor de la condena, 3 en contra y 71 abstenciones, se llegó a la del año pasado, cuando los números fueron, respectivamente, 186, 2 y 3.

Los dos votos en contra fueron los de Estados Unidos e Israel y las abstenciones de Islas Marshall, Micronesia y Palau, lo que, parece claro, habla del repudio que genera en el mundo la sanción de estas características más extensa en la historia moderna.

LA AVENTURA DEL CONOCIMIENTO Y EL APRENDIZAJE " (Dolina)

La velocidad nos ayuda a apurar los tragos amargos. Pero esto no significa que siempre debamos ser veloces. En los buenos momentos de la vida, más bien conviene demorarse. Tal parece que para vivir sabiamente hay que tener más de una velocidad. Premura en lo que molesta, lentitud en lo que es placentero. Entre las cosas que parecen acelerarse figura -inexplicablemente- la adquisición de conocimientos.

En los últimos años han aparecido en nuestro medio numerosos institutos y establecimientos que enseñan cosas con toda rapidez: “….haga el bachillerato en 6 meses, vuélvase perito mercantil en 3 semanas, avívese de golpe en 5 días, alcance el doctorado en 10 minutos…..” Quizá se supriman algunos… detalles. ¿Qué detalles? Desconfío. Yo he pasado 7 años de mi vida en la escuela primaria, 5 en el colegio secundario y 4 en la universidad. Y a pesar de que he malgastado algunas horas tirando tinteros al aire, fumando en el baño o haciendo rimas chuscas. Y no creo que ningún genio recorra en un ratito el camino que a mí me llevó decenios.

¿Por qué florecen estos apurones educativos? Quizá por el ansia de recompensa inmediata que tiene la gente. A nadie le gusta esperar. Todos quieren cosechar, aún sin haber sembrado. Es una lamentable característica que viene acompañando a los hombres desde hace milenios. A causa de este sentimiento algunos se hacen chorros. Otros abandonan la ingeniería para levantar quiniela. Otros se resisten a leer las historietas que continúan en el próximo número. Por esta misma ansiedad es que tienen éxito las novelas cortas, los teleteatros unitarios, los copetines al paso, las “señoritas livianas”, los concursos de cantores, los libros condensados, las máquinas de tejer, las licuadoras y en general, todo aquello que ahorre la espera y nos permita recibir mucho entregando poco. Todos nosotros habremos conocido un número prodigioso de sujetos que quisieran ser ingenieros, pero no soportan las funciones trigonométricas. O que se mueren por tocar la guitarra, pero no están dispuestos a perder un segundo en el solfeo. O que le hubiera encantado leer a Dostoievsky, pero les parecen muy extensos sus libros. Lo que en realidad quieren estos sujetos es disfrutar de los beneficios de cada una de esas actividades, sin pagar nada a cambio.

Quieren el prestigio y la guita que ganan los ingenieros, sin pasar por las fatigas del estudio. Quieren sorprender a sus amigos tocando “Desde el Alma” sin conocer la escala de si menor. Quieren darse aires de conocedores de literatura rusa sin haber abierto jamás un libro. Tales actitudes no deben ser alentadas, me parece. Y sin embargo eso es precisamente lo que hacen los anuncios de los cursos acelerados de cualquier cosa. Emprenda una carrera corta. Triunfe rápidamente. Gane mucho “vento” sin esfuerzo ninguno. No me gusta. No me gusta que se fomente el deseo de obtener mucho entregando poco. Y menos me gusta que se deje caer la idea de que el conocimiento es algo tedioso y poco deseable. ¡No señores: aprender es hermoso y lleva la vida entera!

El que verdaderamente tiene vocación de guitarrista jamás preguntará en cuanto tiempo alcanzará a acompañar la zamba de Vargas. “Nunca termina uno de aprender” reza un viejo y amable lugar común. Y es cierto, caballeros, es cierto.

Los cursos que no se dictan: Aquí conviene puntualizar algunas excepciones. No todas las disciplinas son de aprendizaje grato, y en alguna de ellas valdría la pena una aceleración. Hay cosas que deberían aprenderse en un instante. El olvido, sin ir más lejos. He conocido señores que han penado durante largos años tratando de olvidar a damas de poca monta (es un decir). Y he visto a muchos doctos varones darse a la bebida por culpa de señoritas que no valían ni el precio del primer Campari. Para esta gente sería bueno dictar cursos de olvido. “Olvide hoy, pague mañana”. Así terminaríamos con tanta canalla inolvidable que anda dando vueltas por el alma de la buena gente. Otro curso muy indicado sería el de humildad. Habitualmente se necesitan largas décadas de desengaños, frustraciones y fracasos para que un señor soberbio entienda que no es tan pícaro como él supone. Todos -el soberbio y sus víctimas- podrían ahorrarse centenares de episodios insoportables con un buen sistema de humillación instantánea.Hay -además- cursos acelerados que tienen una efectividad probada a lo largo de los siglos. Tal es el caso de los “sistemas para enseñar lo que es bueno”, “a respetar, quién es uno”, etc.Todos estos cursos comienzan con la frase “Yo te voy a enseñar” y terminan con un castañazo. Son rápidos, efectivos y terminantes.

Elogio de la ignorancia: Las carreras cortas y los cursillos que hemos venido denostando a lo largo de este opúsculo tienen su utilidad, no lo niego. Todos sabemos que hay muchos que han perdido el tren de la ilustración y no por negligencia. Todos tienen derecho a recuperar el tiempo perdido. Y la ignorancia es demasiado castigo para quienes tenían que laburar mientras uno estudiaba. Pero los otros, los buscadores de éxito fácil y rápido, no merecen la preocupación de nadie. Todo tiene su costo y el que no quiere afrontarlo es un garronero de la vida. De manera que aquel que no se sienta con ánimo de vivir la maravillosa aventura de aprender, es mejor que no aprenda.

Yo propongo a todos los amantes sinceros del conocimiento el establecimiento de cursos prolongadísimos, con anuncios en todos los periódicos y en las estaciones del subterráneo.

“Aprenda a tocar la flauta en 100 años”.“Aprenda a vivir durante toda la vida”.“Aprenda. No le prometemos nada, ni el éxito, ni la felicidad, ni el dinero. Ni siquiera la sabiduría. Tan solo los deliciosos sobresaltos del aprendizaje”.